La importancia de la mujer en la producción del café de Colombia.
Magdalena Pardo Poveda
Productora, Silvania - Cundinamarca
Les invitamos a leer este artículo escrito especialmente para darnos a conocer la importancia de las mujeres cafeteras.
CAFÉ...ESPÍRITU DE MUJER.
El cultivo del café no ha sido ajeno a este hecho y particularmente en Colombia, la participación de las mujeres en todas las actividades requeridas para generar nuestro producto insignia, es destacada.
Es así como la mujer campesina se convierte en motor para su núcleo familiar: siembra las mejores semillas y las mantiene cerca a su vivienda para asegurarse de que reciban los cuidados necesarios, como lo haría con cualquiera de sus hijos, hasta que tengan edad suficiente para ser llevadas al campo, labor esta, que casi siempre realiza su compañero o en su ausencia, ella misma acompañada de sus hijos.
Comienza allí la espera de aproximadamente dos años, tiempo durante el cual, tanto la mujer como la planta soportan generalmente circunstancias adversas ocasionadas, para una, por las vicisitudes económicas y para la otra, por los caprichos de la naturaleza. Sin embargo, las dos permanecen erguidas con sus raíces ancladas a la tierra.
Llega entonces la floración y el perfume que expelen los capullos se convierte en aroma de esperanza para toda la familia. Poco a poco las flores se transforman en tupidos ramilletes de frutos rojos y es cuando se inicia la recolección. Tanto hombres como mujeres participan en ella, pero son los cantos y las risas femeninas las que alegran esta labor manual.
Después de despulpar los frutos, lavarlos y secarlos al sol, son ellas las que pacientemente seleccionan uno a uno los mejores granos, para obtener así un mayor ingreso al momento de vender el café pergamino en el comercio de su pueblo vecino.
Hasta hace algunos años, la intervención de las mujeres colombianas en la cultura del café, normalmente se limitaba a lo antes descrito. Sin embargo, con la nueva tendencia del mercado interno hacia el mejoramiento de los ingresos para las familias cafeteras, estas deciden generar un valor agregado a su producción y en consecuencia realizan los procesos de tostión y empaque para venderlo directamente al consumidor.
Al asumir este reto, de nuevo las mujeres forman parte activa y con su creatividad y amor al terruño, aportan sus ideas para darle identidad a su café, relacionándolo con elementos familiares o regionales a la hora de denominar su marca, o buscando acuciosas compradores para él.
Pero hay más aún: en la actualidad es frecuente encontrar a mujeres ejecutivas que dirigen acertadamente sus propias empresas procesadoras de café, contribuyendo así al desarrollo de nuestras comunidades.
De la misma manera, es cada vez mayor la cantidad de jóvenes apasionadas que se forman como baristas, para poder ofrecer a propios y extraños la bebida extraída del mejor café suave del mundo.
Para complementar esta cadena, está el grupo de mujeres catadoras quienes ponen al servicio del café sus aptitudes sensoriales, descubriendo las sutiles características que ostentan nuestros granos y que se asemejan en mucho a las cualidades de la mujer: suavidad, dulzura, fragancia, cuerpo, recordación, etc.
Finalmente, puedo asegurar por todo lo anterior y como caficultora, que cada grano de café producido en nuestros campos, lleva en su esencia el espíritu de la mujer colombiana.
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